Migraña

La migraña es un dolor que afecta generalmente a la mitad del cráneo y que suele aparecer en forma de crisis generalmente acompañadas de fotofobia, náuseas o vómitos.

Pese a que se trata de una enfermedad benigna, puede llegar a incapacitar en las actividades diarias. Es una patología muy frecuente, según las últimas estadísticas, afecta a un 5% de la población. El perfil típico del paciente migrañoso es el siguiente: mujer joven (2 de cada 3) que vive en una gran ciudad y que padece de 1 a 4 crisis por mes

Manifestaciones

Esquemáticamente, la migraña se presenta bajo tres aspectos clínicos: la migraña común, la migraña oftálmica y la migraña acompañada.

La migraña común

Generalmente, la crisis migrañosa va precedida de ciertos signos anunciadores que aparecen la víspera o unas horas antes. El enfermo aprende a reconocer estos pródromos que, a menudo, le son propios: modificación del humor, del sueño, del apetito, etc. La crisis suele comenzar en la madrugada o al despertarse, si bien puede iniciarse a cualquier hora del día. En la mayoría de los casos, la migraña se localiza a nivel temporo-frontal, manifestándose al principio de forma unilateral. El dolor es intermitente y acompasado con el pulso, agudizándose ante la presencia de ruido, luz (fotofobia) y con los movimientos de cabeza.

En ausencia de tratamiento, la duración de la crisis puede oscilar entre varias horas y dos días. Ocho de cada diez casos presentan náuseas acompañadas de una intolerancia alimentaria (sólido y líquido) y de sensaciones de vértigo. Un hecho destacable y asintomático es que las personas que sufren de migraña se sienten bien entre las crisis. Todos los exámenes clínicos y paraclínicos son absolutamente normales.

La migraña oftálmica

Se trata de una variedad típica de la migraña. Esencialmente, los pródromos están constituidos por los siguientes signos visuales:

  • Aura visual
  • Esotoma centelleante: punto brillante que aparece en los ojos y se mueve con la mirada extendiéndose de forma progresiva.
  • Fosfenos: manchas luminosas y deslumbrantes, a veces multicolores o en forma de zig-zag.

Aunque menos comunes, se han descrito otros trastornos visuales. Se trata de formas deficitarias que hacen que el sujeto vea como a través de cristales opacos o de gafas sucias, así como alucinaciones visuales. Generalmente, estos síntomas oftálmicos cesan una vez que aparecen los accesos dolorosos, cuyos signos son similares a los de la migraña común. Los exámenes oftamológicos y neurológicos son totalmente normales. Al finalizar la crisis, todos los signos visuales desaparecen sin dejar secuelas.

La migraña acompañada o migraña clásica

La migraña acompañada se caracteriza por la aparición de trastornos neurológicos en la fase prodrómica. La migraña oftálmica es una forma de migraña acompañada totalmente individualizada y con signos esencialmente visuales.

Los signos neurológicos son múltiples y polimorfos. Por orden de frecuencia, son los siguientes:

  • Manifestaciones sensitivas: El enfermo siente un hormigueo en la mano que va extendiéndose hacia el brazo y, sobre todo, hacia el rostro, concretamente, en la zona periférica de los labios y la lengua.
  • Trastornos del lenguaje, de la percepción del esquema corporal, zumbidos en los oídos o deformaciones olfativas. Los fenómenos que acompañan a estos signos no tienen por qué ser individualizados. No es extraño ver a un enfermo que presente primero fosfenos y luego, por ejemplo, trastornos parestésicos. Todas estas manifestaciones desaparecen una vez que irrumpe el dolor de cabeza.

Factores desencadenantes

Los migrañosos están sujetos a numerosas y variadas circunstancias capaces de precipitar la crisis: se trata de los factores desencadenantes. Su identificación es muy interesante, ya que proporciona información respecto a la fisiopatología de la migraña y, lo más importante, ayuda a evitar esos factores, mediante el tratamiento.

Consideraremos los factores desencadenantes más frecuentemente descritos.

Factores psicológicos

La vasodilatación reaccional afecta a las arterias extracerebrales (territorio de la carótida externa). Esta vasodilatación frena los pródromos (consecutivos a la hipoxia), pero, debido a la excitación de las terminaciones sensitivas vasculares, da lugar a la aparición del dolor. secreciones de noradrenalina y adrenalina.

Alimentación

Los migrañosos hacen frecuentes alusiones a factores alimentarios digestivos. Cierto número de alimentos están implicados, especialmente los que contienen tiramina (quesos fuertes, vino blanco) o feniletilamina (chocolate). Además, existen otros como el alcohol, los huevos, las grasas cocinadas, algunas carnes y pescados, las avellanas. En general, el enfermo conoce muy bien los productos que pueden originarle la crisis, de forma que los restringe o suprime voluntariamente de su alimentación

Estímulos sensitivos

Algunos migrañosos mencionan factores sensoriales estimulantes: luz viva, ruido, olor fuerte (como el de la pintura fresca). El tabaco también se menciona como factor desencadenante, pero es difícil valorar si su origen está en la excitación sensorial del cigarrillo o en el mecanismo farmacológico ligado a la nicotina.

Ciclo menstrual

Durante el período de tensión premenstrual, se produce un factor favorecedor de la aparición de la migraña. Se trata de un factor de origen endocrino que proporciona a la migraña el carácter cíclico propio del sexo femenino. Se habla de la migraña catamenial, originada por la brusca disminución de estradiol al final del ciclo. Estas crisis aparecen de forma natural en la pubertad, desapareciendo en el período de la menopausia. Las migrañosas señalan una clara mejoría durante el embarazo, período en que el nivel de hormonas es más estable.

Otros

A continuación, citaremos algunos otros factores que favorecen la aparición de estas crisis:

  • El clima: períodos de nieve, tormentas, viento violento, calor excesivo.
  • La alergia: este factor podría intervenir por el aumento de histamina plasmática que se produce en el paciente migrañoso.
  • La herencia: es evidente que existe un carácter familiar en la patología migrañosa, lo cual viene a apoyar la teoría hereditaria de la migraña. Este factor hereditario sería un factor favorecedor por el descenso que se produce en el “umbral de desencadenamiento” de la enfermedad.

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Estrés y depresión

El estrés es una respuesta no específica del organismo a una agresión o a una estimulación. La agresión puede ser de dos tipos:

  • Física: golpes, heridas, dolor, olor, ruido, frío.
  • Psíquica: irritación, insatisfacción, miedo.

La respuesta al agente estresante se traduce en una cascada de reacciones fisiológicas idénticas, estereotipadas que permiten mantener un cierto equilibrio biológico.

La respuesta se origina con la intervención de dos niveles de defensa que interactúan entre ellos:

  • El sistema nervioso.
  • El sistema endocrino.

El estrés tiene como consecuencia una estimulación del hipotálamo que provoca, por una parte, un aumento del tono ortosimpático y por otra, un aumento brutal de las secreciones del eje hipotálamo-hipofisario, de la médula suprarrenal (noradrenalina y adrenalina) y de la corteza suprarrenal (cortisol)

Manifestaciones del estrés

Las manifestaciones externas del estrés son fácilmente reconocibles. Pueden manifestarse mediante una crisis de angustia o de pánico:

  • Dispnea.
  • Palpitaciones.
  • Dolor o molestia torácica.
  • Sensación de asfixia.
  • Vértigo.
  • Sofocos.
  • Transpiración.

En caso de agresión o de estrés prolongado, se puede llegar a un estado de ansiedad generalizado. En este caso es frecuente que se produzca una descompensación con expresión de signos funcionales que varían según los puntos débiles del organismo.

Estos signos funcionales se manifiestan en cuatro grandes categorías de síntomas:

  • Trastornos neurovegetativos: palpitaciones, manos sudorosas o frías, sequedad de boca, “nudos” en el estómago, náuseas, diarreas.
  • Problemas motores: contracciones, temblores, crispación del rostro, agitación.
  • Problemas de la vigilia: hipervigilia, problemas de concentración, irritabilidad, insomnio.
  • Problemas de humor: angustia, inquietud, pesimismo, miedo.

Cuando el estrés se hace crónico puede llegar a ser devastador. Asistimos en estos casos, a auténticas patologías psíquicas o físicas:

  • Problemas digestivos: úlceras de estómago, recto-colitis hemorrágicas.}
  • Problemas ginecológicos: falta de ovulación, hipofertilidad, afecciones mamarias benignas.
  • Problemas cardiovasculares: hipertensión arterial, aterosclerosis, infartos, problemas del ritmo.
  • Problemas cutáneos: psoriasis, eczema.
  • Manifestaciones alérgicas: urticaria, asma.
  • Problemas nerviosos: depresión, cefaleas, impotencia.
  • Transformaciones cancerosas.

El tiempo de exposición al estrés condiciona la vulnerabilidad del organismo y los problemas que provoca. Pero los seres humanos no somos todos iguales ante una agresión. Ciertos especialistas agrupan esquemáticamente los individuos en tres perfiles psicológicos:

El tipo A

Sujeto extrovertido, dinámico, hiperactivo, a menudo agresivo, ambicioso, impaciente. El estrés es su motor. La reacción a la agresión es fácilmente exteriorizada, a menudo de forma excesiva. El cuerpo responde con una secreción masiva de adrenalina. Estos individuos son propensos a padecer afecciones cardio-vasculares.

El tipo B

Sujeto intermedio o difícil de clasificar. El estrés le estimula o le inhibe. El tipo B representa el tipo ideal de comportamiento. Pero en caso de agresiones continuadas y repetidas, este sujeto puede bascular fácilmente hacia la categoría C.

El tipo C

Sujeto introvertido, totalmente reprimido. El estrés es un inhibidor para él. Elude a menudo las responsabilidades. Se le califica erróneamente como tranquilo. En el plano biológico, su comportamiento se traduce en secreciones intensas de cortisol. Propenso a padecer patologías inmunitarias, infecciones, reumatismos, depresiones, cáncer...

Manifestaciones de la depresión

La relación entre el estrés y la depresión supone a menudo problemas de diagnóstico. En efecto, la patología depresiva va casi siempre acompañada de problemas de ansiedad. Para diferenciarlas, se intenta encontrar signos específicos de la depresión tales como: intensa tristeza o preocupación pesimista, agitación, autodesprecio, cambios físicos (insomnio, anorexia, pérdida de impulso vital, de entusiasmo y de la líbido), lentitud mental, etc...

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Insomnio

El insomnio es la ausencia involuntaria de descanso compensatorio. Se manifiesta por la perturbación de la calidad o de la cantidad de sueño con repercusiones sobre la actividad diurna.

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Alteraciones del sueño

Las manifestaciones del insomnio pueden ser múltiples. Si bien se las reagrupa en tres grandes categorías: las dificultades de conciliación del sueño, despertar precoz y despertares nocturnos frecuentes (desvelos).

  1. Dificultades de conciliación del sueño (insomnio inicial): El estadio 1 se alarga (como media no debe sobrepasar el 5 del sueño total). A menudo, este tipo de insomnio se debe a un estado de hipervigilia o a una ansiedad ligada a causas exógenas.
  2. Despertar precoz (insomnio terminal): Este tipo de insomnio es menos frecuente que el resto. Puede estar originado por desórdenes de tipo fisiológico. Suele estar ligado a menudo a la ingestión excesiva de somníferos.
  3. Frecuentes despertares nocturnos (desvelos): Se trata de una ausencia casi completa de sueño. Puede tener relación con una ansiedad aguda o con un estado depresivo camuflado.

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